📷 Crédito: imaginima

El sistema mundial está experimentando profundos cambios estructurales. Las antiguas alianzas se debilitan, surgen otras nuevas y el desarrollo se ve cada vez más condicionado por la geopolítica, la presión económica, los conflictos y la incertidumbre.

Operamos en un mundo con múltiples alineamientos en el que la influencia es fluida y ningún actor ostenta por sí solo todo el poder.

Para quienes formamos parte de la Mayoría Global, este momento no es solo de disrupción. También es de posibilidades. Crea un espacio para ir más allá de modelos obsoletos y replantearnos cómo funciona en la práctica la cooperación para el desarrollo.

La cuestión que se nos plantea no es si el cambio es necesario. Es si buscamos una reforma incremental o si abrazamos el cambio sistémico más profundo que se requiere para construir una arquitectura de desarrollo global más justa y eficaz.

El papel de la ayuda en un sistema cambiante

La cooperación al desarrollo, incluida la ayuda, sigue desempeñando un papel fundamental. Los flujos de ayuda siguen siendo una forma única de financiación. Son en gran medida concesionales y están diseñados para apoyar iniciativas que no son comercialmente viables, pero que son esenciales para reducir la pobreza y la desigualdad.

Esto es especialmente cierto en contextos humanitarios y a la hora de sostener una sociedad civil global que defienda los valores democráticos y los derechos de las minorías, a menudo en espacios cívicos cada vez más restrictivos.

Al mismo tiempo, existe un reconocimiento creciente de que la cooperación al desarrollo debe evolucionar para responder a las realidades actuales. El reto no es descartar la ayuda, sino re-posicionarla dentro de un sistema más amplio y equitativo que refleje la responsabilidad compartida, la rendición de cuentas mutua y el liderazgo local.

Poder, historia y desigualdad estructural

Cualquier transformación significativa debe comenzar con honestidad. El sistema de desarrollo actual no es neutral. Ha sido moldeado por dinámicas de poder históricas y coloniales, que siguen influyendo en quién decide, quién se beneficia y qué conocimientos cuentan.

Estas dinámicas son visibles en la práctica cotidiana:

  • Las decisiones de financiación a menudo se toman lejos de las comunidades a las que afectan.
  • Se da prioridad a la experiencia externa sobre la experiencia vivida.
  • La rendición de cuentas fluye hacia arriba, hacia los financiadores, en lugar de hacia abajo, hacia las comunidades.

No se trata de ineficiencias técnicas. Son características estructurales del sistema. Abordarlas requiere algo más que un lenguaje mejorado o una mejor coordinación. Requiere un cambio deliberado en la forma en que se entiende, distribuye y ejerce el poder en todo el sistema.

Esto también se conecta con debates más amplios sobre la justicia global. El creciente impulso en torno a la justicia reparadora, incluidas las recientes resoluciones respaldadas por las Naciones Unidas sobre reparaciones, señala un cambio importante. Ya no se trata de debates abstractos. Están configurando cada vez más las expectativas en torno a la responsabilidad, la equidad y la reparación en la cooperación internacional.

De la reforma de la financiación al cambio de sistemas

Si el poder es el problema, es en la financiación donde resulta más visible.

A pesar de los compromisos de larga trayectoria con la localización, menos del 10 % de la financiación para el desarrollo llega directamente a las organizaciones locales en la mayoría de los sistemas. La mayor parte sigue fluyendo a través de intermediarios, lo que a menudo añade capas de costes, control y complejidad.

Esto no es simplemente ineficiente. Refuerza la dependencia y limita el impacto.

Las organizaciones locales:

  • comprenden el contexto en profundidad
  • mantienen relaciones a largo plazo con las comunidades
  • operan con formas de rendición de cuentas que los actores externos no pueden replicar.

Sin embargo, siguen careciendo de recursos suficientes y están sobrecargadas.

Un mínimo del 25 % de financiación directa y destinada específicamente a la sociedad civil local es un paso importante. Sin embargo, los porcentajes por sí solos no bastan. Lo que importa es cómo se estructuran los recursos, por ejemplo:

  • si la financiación es flexible o está estrictamente restringida
  • si apoya la capacidad organizativa básica o solo las actividades de los proyectos
  • si permite la resiliencia a largo plazo o la ejecución a corto plazo.

Sin abordar estas dinámicas subyacentes, los riesgos de la localización seguirán siendo una aspiración más que una realidad operativa. Los marcos emergentes, incluidas las recientes iniciativas lideradas por la OCDE sobre el desarrollo impulsado a nivel local, ya ofrecen vías concretas para poner en práctica estos cambios, incluyendo normas más claras sobre la co-creación, las asociaciones equitativas y la financiación directa a los actores locales».

Replanteamiento de la arquitectura financiera

El modelo actual depende en gran medida de las subvenciones a corto plazo. Esto limita la innovación, debilita las instituciones y refuerza los ciclos de dependencia.

Un enfoque sistémico requiere una arquitectura financiera más amplia. Una que combine la financiación en condiciones favorables con la inversión a largo plazo en bienes públicos y capacidad institucional.

Esto incluye:

  • desbloquear mayores reservas de capital, incluidos los Derechos Especiales de Giro (DEG) y la financiación para el desarrollo
  • fortalecer la colaboración entre los actores públicos, privados y de la sociedad civil
  • apoyar a las organizaciones de la sociedad civil para que generen fuentes de ingresos diversificadas e independientes
  • abordar las limitaciones estructurales, como la deuda insostenible.

No se trata de cuestiones aisladas. Son elementos interconectados de un sistema que debe reequilibrarse para favorecer resultados de desarrollo a largo plazo.

Redefinir la rendición de cuentas

La rendición de cuentas sigue siendo uno de los ámbitos más controvertidos dentro de la cooperación al desarrollo.

Los sistemas actuales suelen dar prioridad a la gestión de riesgos para los financiadores en lugar de a una rendición de cuentas significativa ante las comunidades. Esto da lugar a:

  • una pesada carga de presentación de informes
  • indicadores estandarizados que pasan por alto las realidades locales
  • un enfoque centrado en el cumplimiento más que en el aprendizaje.

Es necesario un cambio hacia sistemas de rendición de cuentas que sean a la vez rigurosos y pertinentes.

Esto incluye:

  • apoyar medidas de éxito definidas por la comunidad
  • utilizar enfoques de presentación de informes adaptativos y flexibles
  • aprovechar la tecnología para reducir la carga administrativa
  • integrar el aprendizaje como una función central, no como una idea de último momento.

La rendición de cuentas basada en la confianza no debilita la supervisión. La fortalece al alinearla con el impacto en lugar de con el proceso.

Fortalecer el ecosistema

Los resultados de desarrollo no son logrados por organizaciones individuales por sí solas. Son moldeados por ecosistemas.

Las redes, las coaliciones y los actores intermediarios desempeñan un papel fundamental en:

  • conectar a los actores locales y globales
  • facilitar el intercambio de conocimientos
  • apoyar la acción colectiva y la incidencia política.

A pesar de ello, a menudo cuentan con una financiación insuficiente porque sus contribuciones son menos visibles que la prestación directa de servicios.

Un enfoque sistémico requiere reconocer e invertir en esta infraestructura como parte fundamental de la cooperación al desarrollo.

Proteger el espacio cívico

En muchas regiones, la sociedad civil se enfrenta a restricciones cada vez mayores. Las barreras legales, la presión política y los riesgos de seguridad son cada vez más comunes.

Al mismo tiempo, las expectativas sobre la sociedad civil siguen creciendo.

Esto crea un desequilibrio fundamental.

Proteger el espacio cívico requiere:

  • mecanismos de respuesta rápida para las organizaciones amenazadas
  • inversión en bienestar y resiliencia
  • fortalecimiento de la seguridad digital y física
  • apoyo a largo plazo para la sostenibilidad de las organizaciones.

Sin estas medidas, los actores esenciales para impulsar el cambio seguirán operando bajo un riesgo significativo.

De la conversación al compromiso

Las conferencias mundiales suelen tener éxito a la hora de identificar retos. Su limitación radica en traducir el debate en acción.

Este momento requiere un enfoque diferente.

Requiere:

  • compromisos con plazos concretos sobre la localización y los cambios en la financiación
  • mecanismos claros de rendición de cuentas para hacer un seguimiento de los avances
  • resultados co-creados con los actores de la Mayoría Global.

La credibilidad no se construye solo con declaraciones. Se construye a través de cambios medibles. El creciente conjunto de compromisos, incluidas las recientes iniciativas lideradas por la OCDE sobre el desarrollo impulsado a nivel local, demuestra que el reto ya no es conceptual. Las herramientas existen. La cuestión es si se aplicarán con la suficiente ambición y urgencia.

Una elección que no se puede eludir

El sistema de desarrollo se encuentra en un punto de inflexión. La presión es real. Presupuestos cada vez más reducidos, necesidades crecientes y una complejidad en aumento.

Sin embargo, este momento también plantea una elección clara.

Podemos seguir ajustando un sistema que ya no es adecuado para su propósito. O podemos llevar a cabo la transformación más profunda necesaria para construir un sistema que sea equitativo, eficaz y sostenible.

Este cambio es práctico. Tenemos que pasar:

  • de la ayuda a una cooperación para el desarrollo más amplia
  • del control al poder compartido
  • de las soluciones externas a la acción impulsada a nivel local.

Ir más allá de la ayuda no significa abandonarla. Significa fortalecerla y complementarla dentro de un sistema más amplio que refleje las realidades actuales. El futuro del desarrollo no vendrá determinado por lo que se diga en las salas de conferencias. Vendrá determinado por los cambios que se produzcan a raíz de ellas.

Este manifiesto es tanto una invitación como un reto. Para ir más allá de la retórica. Para enfrentarnos al poder con honestidad. Y para construir un sistema que refleje el mundo por el que trabajamos.

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Las Directrices de la OCDE para el apoyo al desarrollo impulsado a nivel local se darán a conocer
y estarán disponibles al público a partir del 29 de mayo.

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