Tiempos de policrisis y cooperación (neo)colonial

Las normas de la cooperación internacional están asfixiando a las organizaciones de la sociedad civil y a los movimientos sociales del Sur Global, lo que pone en riesgo la propia idea de desarrollo sostenible. En estos tiempos de policrisis – económica, social, medioambiental, climática, energética y sanitaria – más que nunca necesitamos retarnos a pensar otras formas de trabajo conjunto que sea más inclusiva y participativa, que resulte de un proceso co-creativo y que sea anti patriarcal y antirracista. Esas son las bases para una cooperación decolonial.

Las imposiciones del Norte son muchas. Por ejemplo, los donantes definen la agenda, los plazos y los tipos de gastos aceptados, obligan a las organizaciones a elaborar los proyectos a partir de lógicas y conceptos occidentales, a veces poco adaptados a las dinámicas de las sociedades, comunidades y pueblos de los países en desarrollo. Llegan al punto de pedir facturas en proyectos ejecutados en territorios indígenas donde no existe la lógica de mercado.

Pero esto no es lo peor, la lógica basada en proyectos, asociada a la disminución de recursos para el apoyo institucional, obliga a las organizaciones sociales a poner a su personal en una situación precaria, sin saber nunca si continuarán en el equipo después de la ejecución de un proyecto de uno, dos o tres años. Esta lógica dificulta la planificación a mediano y largo plazo y socava una acción más amplia y sostenible. Cada donante tiene su propia burocracia, lo que obliga a las organizaciones receptoras a dedicar tiempo y recursos a cumplir las múltiples (y a veces inútiles) exigencias de los donantes.

Esas normas no son adecuadas para los movimientos sociales o las organizaciones comunitarias, lo que contribuye a su progresivo debilitamiento, lo cual es realmente contraproducente, ya que la diversidad y la capilaridad de las organizaciones de la sociedad civil son fundamentales para la democracia.

Esto es el resultado de un establecimiento de normas de arriba-abajo, cuya lógica subyacente es considerar que el ejecutor es deshonesto.

Detrás de los valiosos principios de eficacia, legalidad, transparencia y rendición de cuentas se esconde la necesidad de controlar.

Estos ejemplos son la expresión de las relaciones neocoloniales en el ámbito de la cooperación.

Esta cooperación neocolonial reproduce las dinámicas de poder coloniales: dominación, control desigual de los recursos e imposición normativa. Este enfoque significa, entre otras cosas, que las prioridades las fijan los donantes. Por ejemplo, hasta hace poco todo giraba en torno a la lucha contra la pobreza y ahora la cuestión central es el cambio climático. Así, las organizaciones de la sociedad civil del Sur Global que siempre han trabajado en temas como seguridad alimentaria y nutricional, educación, salud, racismo o violencia para sobrevivir deben conectar sus luchas históricas y su experiencia con los retos climáticos, lo cual es absurdo. No porque el clima no sea una agenda relevante, sino porque los demás problemas siguen existiendo y se ven agravados por el calentamiento global.

¿Qué ocurre en el Sur Global?

Las comunidades del Sur Global son tratadas como «beneficiarios» pasivos en lugar de agentes autónomos. No se tienen en cuenta sus conocimientos, experiencias, culturas y necesidades. Un buen ejemplo es la distribución de alimentos fortificados o complementarios en tiempos de hambre. Si bien su objetivo es satisfacer las necesidades nutricionales inmediatas, puede tener un impacto negativo en las culturas y hábitos alimentarios locales al desplazar los alimentos tradicionales y crear una posible dependencia en la ayuda externa. Esto puede alterar los sistemas alimentarios establecidos, lo que conduce a una pérdida de conocimientos, habilidades e identidad cultural relacionados con la alimentación, violando el derecho humano a una alimentación adecuada.

En general, se privilegian los conocimientos y los modelos técnicos del Norte, mientras que se marginan las perspectivas indígenas, feministas, locales u otras perspectivas del Sur Global.

La lógica de la teoría del cambio, con sus marcos lógicos, indicadores y objetivos, se impone sin tener en cuenta el plan estratégico de las organizaciones apoyadas. Las reglas no son negociables, los fondos se transfieren poco a poco y, en muchos casos, solo se reciben si se ha gastado la cuota anterior.

Con frecuencia, los donantes del Norte están más interesados en las reglas que en el contexto de la región, el país o el territorio donde se ejecuta el proyecto. Esto también ocurre porque sus gobiernos les presionan para que obtengan resultados, y esos resultados se miden en número de proyectos que no plantean problemas (como retrasos, gastos insuficientes, entre otros).

Las cuestiones de género son una preocupación, pero a menudo son meramente formales. No es raro que los equipos del Norte no hayan recibido una formación adecuada en materia de género, lo cual contribuye a reproducir actitudes sexistas o a no poder ayudar a las organizaciones apoyadas a elaborar proyectos con una perspectiva anti patriarcal.

En lo que respecta al racismo, la situación es aún peor. Los donantes a veces se muestran reacios a centrarse en el racismo, sobre todo porque suelen estar muy orgullosos de sus prácticas de donación y, por lo tanto, «no racistas» o «no coloniales», ya que se consideran «aliados» de quienes sufren en el Sur Global. La simplicidad de esta creencia se limita a culpar de los extraordinarios fracasos del sector a unos pocos malos ejemplos y a determinadas organizaciones, lo que permite que los procesos de exclusión sistémica más amplios no sean cuestionados.

Un paradigma de la cooperación decolonial

Un enfoque decolonial requiere un profundo replanteamiento de la cooperación internacional: sus mentalidades, valores y actitudes deben desmantelarse. Esto también se aplica a muchas organizaciones del Sur Global que terminan reproduciendo internamente los patrones concebidos en el Norte. Las soluciones deben incluir las voces y el liderazgo del Sur, diferentes epistemologías, y deben transicionar de enfoques transaccionales a reparadores, compartiendo riesgos y toma de decisiones con los actores locales.

El marco para concebir una asociación solidaria, las herramientas para ejecutar los acuerdos mutuos y los mecanismos para informar sobre los resultados deben ser la consecuencia de un proceso de co-creación. Se trata de una relación basada en la confianza más que en un proyecto.

Hoy en día, algunas organizaciones filantrópicas norteamericanas están trabajando en esta dirección: realizan un análisis profundo de la organización socia, organizan varias reuniones de intercambio y, si es necesario, realizan ajustes. Después de eso, se firma un proyecto de apoyo general porque confían en la organización del Sur, su misión y sus objetivos. No hay necesidad de informes narrativos, solo informes financieros, y cada tres o cuatro meses se celebra una reunión para evaluar conjuntamente los progresos.

Estas formas de trabajar basadas en la confianza suponen menos burocracia para ambas organizaciones y son mucho más efectivas, ya que permiten a los equipos del Norte y del Sur concentrarse en promover cambios reales.

Una cooperación internacional decolonial debe buscar el cambio de políticas, la reforma institucional y la redistribución a largo plazo de los recursos, así como el reconocimiento de las diferentes identidades. Algunas organizaciones del Norte han iniciado este proceso acordando debatir la cuestión, contratando equipos más diversos, creando unidades y políticas de género, raza y decolonialidad, escuchando las preocupaciones de sus socios y flexibilizando las normas, pero se necesita más. Deben cambiar internamente, pero también presionar a sus gobiernos para que revisen radicalmente la Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD) tal y como es hoy en día. 

Además de la urgente tarea de aumentar la asignación de recursos al Sur Global, la AOD debería debatirse en el seno de las Naciones Unidas mediante una convención marco específica.

Esta propuesta se basa en la creencia de que una convención puede proporcionar directrices más inclusivas, democráticas, sólidas y jurídicamente vinculantes para la cooperación internacional al desarrollo, abordando las deficiencias de las prácticas actuales de asistencia y garantizando un impacto más transformador.

Por último, pero no por ello menos importante, la decolonización de la cooperación no puede separarse de los enormes recortes que está sufriendo el sector, recortes que afectan especialmente a las ONG y los movimientos sociales y, en última instancia, a los territorios, las comunidades y las personas vulnerabilizadas. La crisis de la cooperación al desarrollo es una oportunidad para repensarla colectivamente. ¡Hagámoslo!

Nathalie Beghin

Co-directora de Inesc y Co-presidenta de Latindadd. Inesc y Latindadd forman parte del Foro Permanente Latinoamericano para una Cooperación Internacional Decolonial, Antirracista y Feminista.

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