Israel está a punto de invadir completamente una Gaza que mata de hambre. Trump expulsa y trata a los migrantes como animales. El 50% de las organizaciones de mujeres en el mundo podría cerrar en los próximos meses.

El contexto es tan disruptivo que debemos permitirnos dudar sobre qué hacer para enfrentar esta realidad.

En los últimos tres años he dedicado gran parte de mis reflexiones a cómo transformar una cooperación internacional anticuada y en decadencia, que priorizaba a intermediarios antes que a actores locales y que, en demasiadas ocasiones, reproducía prácticas supremacistas, como tantas veces se ha señalado.

Conseguimos que el sector comenzara a cambiar, y me alegró. Pero hoy la magnitud de los desafíos que enfrentamos es tal que dudo sobre qué debemos hacer quienes creemos en el universalismo y en la importancia de la solidaridad internacional.

Aún en medio de este mar de dudas, creo que es momento de repensar en cinco líneas:

1️⃣ Radicalizarnos en Occidente sobre las posiciones de sus gobiernos hacia Israel. Estamos ante la catástrofe de nuestra generación y debemos considerar medidas contundentes como las huelgas de hambre, al estilo de las sufragistas británicas de principios del siglo XX o de los prisioneros palestinos en 1992.

2️⃣ Nuevos paradigmas de ayuda. Necesitamos modelos innovadores que permitan a las organizaciones sociales del Sur Global recibir el financiamiento que requieren. El modelo actual está colapsando: hay avances, pero necesitamos mayor escala.

3️⃣ Proteger lo que aún sobrevive, aunque sea imperfecto: las agencias de Naciones Unidas, el tejido de ONG o las redes de solidaridad internacional que han sido cruciales en momentos históricos.

4️⃣ Batalla de las narrativas. Prestar mucha más atención al relato y aprender a conectar con los perdedores de la globalización. No ser ingenuos.

5️⃣ Esperanza. Lo más importante: no perderla. Aunque el sufrimiento que vemos genera un enorme desasosiego, llegarán momentos mejores. Y para entonces debemos estar listos: con ideas, organización, conexiones y energía.

Estas son algunas de las reflexiones que tenemos en Acápacá junto con la enorme red de aliados con quienes trabajamos hacia nuevas formas de canalizar la solidaridad global. Y no persistiremos, pero sabemos que necesitamos estar juntas, mucha empatía y mirada larga para no desesperar. ✊

Asier Hernando. 

Co-Director de Acápacá.

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